Erotismo vs Pornografía: Análisis Psicoanalítico del Deseo Reprimido
- Aaron Rubio
- 28 sept 2025
- 6 Min. de lectura
Actualizado: 29 sept 2025
¿Alguna vez te has preguntado por qué consumes un tipo de contenido y no otro? Esta pregunta puede parecer obvia, pero la respuesta no se limita únicamente a una cuestión de gustos. Para entender esta decisión debemos comprender qué significado profundo esconde cada preferencia. Por medio del análisis psicoanalítico y la teoría freudiana, abordaremos el deseo reprimido y explicaremos la verdadera forma que se oculta detrás del disfraz que llamamos pornografía.

La Mente y el Disfraz:
Un Viaje por la Teoría Freudiana
Sigmund Freud propuso un modelo sobre el funcionamiento de la mente, inicialmente dividido en la teoría topográfica: consciente, preconsciente e inconsciente.
La parte consciente es la que percibe y actúa en el mundo exterior, la más conectada con nuestra realidad. Por otro lado, el inconsciente es el depósito de todo deseo, fantasía y pulsión reprimida, aquellos contenidos que la consciencia no puede procesar sin generar angustia o displacer.
En medio de estos dos espacios está el preconsciente. Este actúa como una frontera que solo permite que ciertos contenidos reprimidos emerjan, pero siempre de manera disfrazada. Por ejemplo, un evento traumático puede ser olvidado superficialmente, pero en realidad se esconde en el inconsciente, buscando vías simbólicas (como los sueños o los lapsus) para manifestarse sin causar angustia directa.
El sueño es el mejor ejemplo de este mecanismo y es conocido como la "vía regia al inconsciente". Para Freud, los sueños no son absurdos, sino la forma en que el deseo logra un desahogo sin provocar la angustia del consciente. En ellos, el contenido latente (el deseo reprimido original) se transforma en contenido manifiesto (lo que recordamos al despertar), mediante un complejo proceso de disfraz y simbolismo.
Por ejemplo, un individuo que alberga un profundo resentimiento o deseo de agresión hacia una figura específica (como el padre, dentro del marco del Complejo de Edipo), no puede aceptar tal pulsión por la censura del Superyó. En lugar de soñar que comete la agresión directamente (lo que causaría un despertar angustioso), el sueño se presenta como un acto de sustitución y desplazamiento: el individuo se ve a sí mismo como testigo de un ataque brutal y violento cometido por desconocidos. Este distanciamiento—donde el sujeto no es el agresor, sino el observador—es el disfraz que el inconsciente utiliza para liberar la tensión reprimida, logrando el alivio necesario sin enfrentar la culpa directa.
Este proceso de represión no es meramente individual; se ve profundamente influenciado por las normas sociales, las leyes y el miedo al juicio externo. Constantemente, la sociedad nos impone restricciones sobre lo que es "aceptable" desear o expresar, empujando una vasta gama de impulsos y fantasías al inconsciente.
Es en este contexto de un "inconsciente social" o de un inconsciente en el que la sociedad puede llegar a influir, donde el erotismo y la pornografía adquieren una importancia crucial, sirviendo como válvulas de escape o desahogo para liberar, aunque sea de forma parcial y simbólica, esos deseos que de otro modo permanecerían reprimidos y ocultos.
Tiempo después, Freud desarrolló conceptos clave para mapear las desviaciones del deseo sexual. Dos de estas categorías son fundamentales para nuestro análisis: el fetichismo, que se refiere a la excitación centrada en un objeto inanimado o una parte no genital del cuerpo (actuando como sustituto simbólico); y las parafilias, que implican una desviación de la meta sexual tradicional, donde la excitación se liga a una situación, un escenario o una circunstancia específica (como el voyerismo o el exhibicionismo).
En el contexto de nuestro análisis sobre la pornografía, el término "fetichismo" se utiliza en un sentido amplio para referirse a la sustitución de la fantasía reprimida. Aquí, el deseo se dirige hacia un escenario específico (la situación) en lugar de centrarse en la persona como un todo. Según Freud, este fenómeno funciona como una defensa psíquica frente a una angustia temprana. En ese sentido, el fetiche actúa como sustituto simbólico del objeto de deseo original, permitiendo al sujeto realizar su fantasía sin enfrentarse directamente a la angustia que podría generarle.
Esto es crucial: lo que percibimos en la superficie a menudo es solo un disfraz de deseos o ansiedades mucho más profundas.

El Lenguaje, el Signo y el Deseo Oculto
Para llevar este análisis más allá de lo evidente, es necesario entender cómo el propio lenguaje —verbal, visual o corporal— se construye a partir de signos. El lingüista suizo Ferdinand de Saussure propuso que cada signo tiene dos componentes inseparables: el significante (la forma material, la imagen o palabra que vemos) y el significado (el concepto o la idea abstracta que asociamos).
Por ejemplo: en la palabra “árbol”, el significante sería la palabra en sí, es decir, sus letras: á-r-b-o-l. Por otro lado, el significado sería la imagen mental o el concepto que construimos, como las hojas, ramas, raíces, tronco y frutas.
Al entender la distinción entre ambos, podemos ver que la imagen de lo que consumimos (el significante) no es el centro del deseo. La clave reside en el significado oculto que se compone en nuestra mente. Para el inconsciente, el significante es solo un vehículo.

El Velo de Psique: Erotismo y Misterio
Para entender mejor esta dinámica, es vital aclarar la diferencia y el origen entre la pornografía y el erotismo.
En primera instancia, el erotismo, o lo erótico, se vinculaba originalmente al dios griego Eros, quien personificaba el impulso amoroso y vital. Para comprender por qué el erotismo es más complejo que una mera satisfacción física, debemos acudir al mito de Eros y Psique. Psique representa el alma humana y su deseo de conocer. Eros, su esposo secreto, le exige que su relación se base en la confianza ciega y se mantenga en la oscuridad; en esencia, que se sostenga en el velo del misterio.
Cuando Psique rompe la prohibición y enciende la vela para ver el rostro de su esposo, comete un acto de conocimiento que termina por quemar a Eros y alejarlo. Este es el punto crucial: el erotismo es esa tensión entre el deseo y el secreto, entre la pasión y el conocimiento. Es la energía de la anticipación, el valor de la sugerencia y la intensidad de la intimidad emocional que se construye sobre la imaginación activa.
Así, el erotismo se asocia al amor apasionado y al deseo sexual, pero siempre conservando su dimensión metafísica. Es la cualidad que sugiere el encuentro sexual sin consumarlo, manteniendo el velo sobre el acto. Lo erótico no solo estimula el deseo, sino que lo refina al exigir la participación del pensamiento y la narrativa personal del alma.

La Lámpara de Psique:
La Revelación Pornográfica
Por otro lado, la pornografía se entiende como una representación gráfica explícita del acto sexual. A diferencia del erotismo que seduce con la sugerencia, la pornografía no, en ella el estímulo es directo y sin velo; la pornografía enciende la lámpara por completo.
Aquí es donde nuestro análisis cobra pleno sentido: si el erotismo opera desde el significado oculto que estimula el alma (Psique), la pornografía presenta el significante en su forma más cruda y obvia. La pornografía es la representación directa que el inconsciente, por definición, no necesita disfrazar.
El erotismo se apoya en el trabajo psíquico de la proyección, obligando al sujeto a llenar los huecos con su propia fantasía y deseo reprimido, por lo que su estimulación es indirecta y profunda. La pornografía, en cambio, al ser tan explícita, se convierte en un estímulo directo y superficial en términos psíquicos. Es un acto sexual despojado de velos, misterio y las pruebas del alma, donde el contenido reprimido encuentra su forma más literal. La diferencia entre consumirlos radica entonces en si buscamos la compleja y activa seducción del alma (Eros y Psique) o la simple y pasiva satisfacción visual (la revelación sin velo).
El Próximo Paso: El Deseo Detrás del Velo
Con esta distinción en mente, hemos establecido la hipótesis de que el erotismo es la seducción del alma y la pornografía el deseo al descubierto.
Esto nos ayuda y sirve para poder identificar las características inconscientes en el discurso de la pornografía (el significado de este) y, de este modo, entender el deseo que se encuentra detrás del velo de este tipo de contenido. Al ser la pornografía un estímulo directo y explícito, las categorías que elegimos consumir no son aleatorias, sino que se convierten en manifestaciones crudas y literales de las fantasías, represiones y ansiedades que el inconsciente alberga, a menudo relacionadas con los conflictos más primitivos de la mente.
Con esta hipótesis en mente, desarrollaremos una serie de breves análisis en los siguientes posts, comenzando por las Categorías Edípicas; Cockhold, Infidelidad y NTR (categoría de pornografía muy popular en países asiáticos). Profundizaremos en categorías y escenarios específicos de la pornografía para descifrar el significado latente, buscando el conflicto freudiano o la ansiedad primigenia que el sujeto intenta "resolver" o representar a través de la imagen. Así, demostraremos que el disfraz no solo es el que se pone el deseo, sino el que nosotros mismos usamos para mirar.








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